Descripción
Está Matías, un taxista que, a raíz de la muerte de su esposa luego de una penosa enfermedad, no siente ni un latido en el pecho, ni un pequeño recuerdo en la memoria. “Cuánto dolor inútil”, piensa. Le guarda profundo resentimiento al médico que la atendió porque no supo diagnosticar su grave afección. Está comprobando que la pena posee “una carga magnética negativa”, que es como “un imán que repele en vez de atraer”. Recuerda los tubos de drenaje que estaban conectados a su amada, los moretones, las llagas, y se siente humillado por “las necesidades de su cuerpo, por el empeño de su carne en sobrevivir”. Desde la muerte de su señora, ha tomado la costumbre de dormir de día y trabajar de noche. Siente un desconsuelo: que sólo queda más dolor hasta la muerte.
Está Daniel, un médico convencido de que su mujer sigue con él por el mero placer de atormentarle. Por más que se pregunta por las razones que le hacen continuar con ella, no consigue responderse satisfactoriamente. Es un vago y un cobarde y siempre se ha dejado tentar por la ley del mínimo esfuerzo. Se pregunta: “¿Adónde se ha ido la alegría del mundo?” Cada vez que siente que su mujer llega a casa, cambia rápidamente la pantalla del computador para que no lo vea quemando sus horas con Second Life, un famoso juego virtual que es como la vida real, pero más libre.
Está Cerebro, una habitual clienta del Cachito, un bar de mala muerte que suele ser frecuentado por prostitutas y taxistas. Siempre se sienta en la misma silla, llega al comenzar la noche y se va al amanecer. Entretanto se dedica a beber paulatinamente su vino. Es delgadísima, parece que tiene unos sesenta años. Tiene los dientes estropeados, la piel grisácea y los ojos enrojecidos. Sus gestos tienen una arrogancia natural y pocos se atreven a hablar con ella. Dicen que fue una científica muy importante.
Y está Fatma, una prostituta negra muy joven de una belleza inolvidable, de una elegancia natural, con un largo cuello flexible. Parece llevar una luz dentro, es una criatura frágil que inspira el ansia de protegerla. Trabaja en el Cachito y posee una elástica levedad por su cuerpo largo y vibrante. La han herido: lleva en su brazo una marca en forma de cruz y está sangrando. Y por eso va al hospital donde trabaja Daniel.
Estos cuatro personajes inmersos en la apocalíptica modernidad de una gran urbe verán cómo se cruzan sus destinos en Instrucciones para salvar el mundo, la nueva novela de Rosa Montero.
Y al mismo tiempo, todos serán testigos de las andanzas del asesino de la felicidad, que se dedica a liquidar ancianos solitarios dejándoles una sonrisa en el rostro y sin un grado mínimo de violencia.
Rosa Montero nos entrega una historia de esperanza, una tragicomedia que se mueve entre el humor y la emoción y que le hace frente a la vida para hacerle un reclamo por “sus malas intenciones”: por los bombillos que se funden cada dos por tres, por la lavadora que avanza a saltos hasta la mitad de la cocina soltando agua, por el camión de la basura que se pone a regurgitar justo cuando te vas a quedar dormido, luego de una noche de insomnio, y por todos los ratos en los que ocurre “algo desconsolador, odioso, detestable, algo tal vez pequeño pero con suficiente capacidad para amargarte la vida”. |